A pocas horas del cierre de casillas, los resultados preliminares ya marcaban una tendencia clara a favor del candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto.
Es importante mencionar que muchas encuestas ya vaticinaban la victoria de este candidato.
Todos los que participamos de forma activa en el proceso electoral (funcionarios de casilla, representantes de partidos políticos, observadores electorales, trabajadores de casas encuestadoras, etcétera) derivamos distintas reflexiones de la jornada electoral.
Sin afán de ser exhaustivo o demasiado analítico, acá van algunas impresiones generales.
Excesivo interés en la elección presidencial
Una casilla es un microcosmos de la forma en la que los mexicanos viven la democracia.
Después de votar en las elecciones federales, muchos se pasaban de largo sin atender las urnas locales.
El domingo se elegían también seis gobernadores, 1 jefe de gobierno, 500 diputaciones federales, más de 500 presidentes municipales y varias diputaciones locales.
Lo que se vio fue poco interés en estas elecciones, muchas boletas anuladas e, incluso, que varios observadores electorales abandonaron las casillas después de conocer el resultado de la elección presidencial.
Se sigue pensando que el presidente tiene poderes “metaconstitucionales” para resolver los problemas. Lo cierto es que, al menos desde 1997, tenemos gobiernos sumamente divididos.
Falta de tolerancia
La descalificación de quien piensa distinto, es extensiva a los tres partidos.
Aquel que vota por el PRD piensa que los que votan por el PRI son autoritarios y partidarios del “neoliberalismo” y que los del PAN son religiosos de convento.
Quien se decide por el PRI imagina que los simpatizantes del PRD tomarán las calles ante cualquier provocación y que los del PAN no entienden cómo funciona la Realpolitik.
Los votantes del PAN imaginan que, de ganar el PRD, nos convertiremos en Cuba, Venezuela o la Unión Soviética y que los que votan por el PRI son menores de edad o ignorantes sin noción del pasado.
Incapacidad de aceptar derrotas en la democracia
En las urnas se gana y se pierde. Ésas son las reglas y quien entra al juego, se rige por las mismas.
En México, cuando se pierde, es común escuchar expresiones como “hubo fraude”, “elección de Estado”, “se robaron urnas”, “los lápices se borran”, “hubo acarreados”, “los que eligieron a ese candidato no merecen ser mexicanos”, etcétera.
Desatención a las propuestas y ataques a los candidatos.
Durante toda la elección, en las charlas cotidianas se escucharon pocos debates sobre propuestas de los candidatos.
En cambio, se habló mucho de su aspecto físico, de su género, de su familia y de la gente que los rodea y de una buena cantidad de detalles irrelevantes para votar en una elección presidencial.
Hegemonía de las pasiones en el debate público
Es válido apasionarse por la política, pero sería deseable que, en la esfera pública, se esgrimieran argumentos más sólidos.
Interés pasajero
Alemania, Austria y Suiza tienen una gran tradición de Zivilgesellschaft. Las personas se organizan en actividades voluntarias con la iglesia local, trabajando para una ONG, apoyando la responsabilidad social de las empresas, fundando ligas estudiantiles o reuniéndose en círculos de debate.
En México, el interés político, generalmente desaparece a pocos días de llevarse a cabo la elección. Corresponde a los ciudadanos evaluar constantemente a sus representantes, cuestionar las políticas públicas y vigilar que la democracia funcione adecuadamente. Cada derecho exige una obligación.
Poca filiación partidista
En democracias sanas, existe un voto duro y razonado por las distintas alternativas. En consecuencia, el votante, habitualmente, elige de forma congruente.
En México se observa un extraño potaje de admiración personal al candidato, desconocimiento de la función de ciertos funcionarios, desinterés por afiliarse a partidos políticos o desconfianza en este tipo de instituciones.
Si a esto se le suma la incongruencia en ciertos partidos (un partido ecologista promovía la pena de muerte), el resultado es un confeti de boletas donde una misma persona vota por cuatro partidos distintos.
Queda claro, después del 1 de julio, que México tendrá que avanzar mucho en su democracia.
Si queremos exigir rendición de cuentas, primero debemos comportarnos como ciudadanos, poblando el espacio público con interés, argumentos sólidos e información.
Es una buena señal que haya existido participación ciudadana.
Comentario: Luis Alfonso Gómez Arciniega





