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El campo de concentración mexicano

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Durante la II Guerra Mundial, México envió a varios ciudadanos de los paí­ses del Eje a un campo de concentración en Veracruz.

 

Cuando se lee o se escucha la expresión “campo de concentración", casi inmediatamente uno se imagina barracas, trabat3new forzados, tortura y muerte.

Esto es así­ porque los ejemplos más conocidos -y crueles- de la historia fueron Auschwitz, el campo de exterminio más grande y especializado del régimen nazi, y el Gulag soviético, el centro de detención y de trabat3new forzados de la URSS.

Sin embargo, los campos de concentración han sido comunes a lo largo de la historia. Casi en todos los conflictos bélicos se construyen sitios para “concentrar" a los ciudadanos del paí­s enemigo y así­ facilitar su vigilancia y evitar sabotajes, etc.

Por increí­ble que parezca, México también tuvo un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, aunque sus caracterí­sticas y sus fines no eran en nada comparables a los de la Alemania Nazi o la URSS. Aquí­ la historia.

Los antecedentes

En diciembre de 1941, Estados Unidos entró en guerra contra los paí­ses del Eje. En ese momento, asesores de Hitler recomendaron fortalecer la presencia nazi en México para amenazar a EU en dos frentes.

A principios de 1942, habí­a temores fundados de que Hitler intentaba introducir agentes en México para derrocar al presidente Manuel ívila Camacho y poner en su lugar a un simpatizante del fascismo.

Ante estos rumores, el gobierno mexicano reaccionó con calma pero extremó la vigilancia a los militantes del Partido Nacionalsocialista en México, que según reportes oficiales eran 128 en 1942.

¿Campo de concentración mexicano?

Como ya se explicó anteriormente en Treff3, México entró a la Segunda Guerra Mundial luego de que submarinos alemanes hundieron varios barcos petroleros mexicanos que iban rumbo a Estados Unidos.

Si bien el gobierno mexicano fue enfático en que el “estado de guerra" era contra los regí­menes de las potencias del Eje, se tomaron medidas para vigilar a los ciudadanos de los paí­ses enemigos radicados en México.

Una de estas medidas fue el traslado de varios ciudadanos alemanes, italianos y japoneses a un campo de concentración que se ubicó cerca de Perote, Veracruz.

La finalidad no era utilizarlos para trabat3new forzados, sino tenerlos controlados para evitar posibles sabotajes o atentados contra el gobierno.

Según el libro Los empresarios alemanes, el Tercer Reich y la oposición a Cárdenas, en 1942 habí­a 270 alemanes en el campo de concentración en Perote, a los que se les sumarí­an otros 200 hasta finalizar la guerra en 1945.

Aunque recluidos, el gobierno mexicano les permitió organizar su vida según sus propios gustos, hacer espectáculos teatrales, recitales de música, juegos de futbol, etc.

Según Brí­gida von Mentz “eso, en vez de un centro de detención, parecí­a un campo vacacional". Al concluir la guerra, casi todos fueron liberados e incluso varios marinos alemanes decidieron permanecer en México.

Sólo algunos dirigentes del Partido Nacionalsocialista en México, que eran los realmente peligrosos, fueron enviados a Estados Unidos.

Texto: Jordy Meléndez Yúdico

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